Hoy no imagino mi vida sin esclerosis, creo que siempre lo supe solo que no me acordaba. Al principio transitaba el momento del diagnóstico a diario, como una película de 5 minutos que se repetía una y otra vez en mi cabeza, analizando las palabras pronunciadas y los gestos realizados, en verdad no sé porque lo hacía, supongo que tal vez estuviera tratando de encontrar el detalle que indique que todo fue una confusión, no lo sé. Luego del diagnóstico siguieron días duros, duros de verdad, me empecinaba por mirar las fotos y pensar, en silencio si ahí estaba “sano” o no, incluso lo hacía con fotos en la que yo no estaba, en el caso de que la respuesta sea afirmativa automáticamente me envolvía una especie de melancolía que requería de un esfuerzo para quitármela fuera de mí.
Poco a poco las lágrimas fueron desapareciendo, y la información invadía mi cabeza, surgieron “mágicos” tratamientos y ganas de “haceres” desmedidos, fue un tiempo caótico donde todo era extremo, mucho ruido y luces seguidas de silencios y oscuridad, sin grises, como si el mundo terminase mañana. Hasta que al fin nos quedamos solos, la esclerosis y yo, al fin nos veíamos a la cara, sin intermediarios, sin representantes, era el tiempo de aclarar las cosas y decidir cómo íbamos seguir. De ese encuentro poco puedo decir (pacto entre confidentes) solo que entendí que siempre estuvo conmigo, que siempre habitó en mí, y que, aunque no aparecía, siempre estuvo en todas las fotos. Hicimos las pases y entendí que si había podido antes, hoy podía, solo habían cambiado un par de variables, pero seguían las constantes. Fue entonces cuando apareció la idea de hacer un IronMan, la locura de hacer un IronMan y poder dar buenas noticias, demostrar que se puede, ya me había peleado con todos los miedos y salimos empatados, solo quedaba lo imposible, “de lo posible se sabe demasiado” dice Silvio.
Fue entonces cuando las variables se volvieron a mi favor, corría, pedaleaba y nadaba como un loco, solamente quería llegar, quería saber que se podía, quería comprobarlo en carne propia (siempre he sido muy desconfiado). Poco a poco fui descubriendo que lo mejor estaba en el camino y comencé a mirar a mis costados, al hacerlo descubrí una multitud que callada me seguía y perfumaban el camino, y entibiaban el agua, y eran los que me empujaban cuando las piernas no podían más. ahí supe que lo iba a lograr, hoy creo que me tendrían que haber descalificado con tanta gente corriendo a mi lado, es mucha ventaja.
Hoy sigo en el camino, con la remera de “finisher IronMan 70.3” corriendo, pedaleando y nadando, pero tomándome más tiempo para mirar al costado, seguramente otros IronMan están por venir pero lo más importante es que seguramente en algún lugar a alguien le están diagnosticando esclerosis múltiple y seguramente está mirando sus fotos, a ellos les tengo una buena noticia, SE PUEDE SALIR ADELANTE!!! , lo sé por experiencia (siempre fui muy desconfiado).